MADRID.- El estreno del Mundial de MotoGP en el circuito de Indianápolis se convirtió en un auténtico casino, como diría Valentino Rossi. Los organizadores de la prueba pusieron todo su empeño para que la cita saliera a las mil maravillas y no se escatimaron esfuerzos, pero contra las fuerzas de la naturaleza no se puede luchar. [Mundial]
Se trasladó la cita al mes de septiembre para evitar la época de lluvias, pero nadie había previsto –como es lógico– la posibilidad de que un tifón hiciera acto de presencia. La cola de huracán Ike se dejó sentir en uno de los trazados más antiguos del mundo. Y menos mal que cuando llegó a la capital del estado de Indiana había perdido el ímpetu que mostró en días anteriores en Texas.
El Ike trastocó todos los planes y convirtió el Gran Premio de Indinápolis en una auténtica locura, donde se vivieron situaciones dantescas y surrealistas. Carreras disputadas a medias por la presencia de un intenso diluvio y un viento atroz, con final incierto para los pilotos mientras regresaban a sus boxes sin saber a ciencia cierta si la prueba se daba por concluida o había que volver a salir a la pista para luchar contra el resto de la parrilla y, en mayor medida, contra los elementos atmosféricos.
Se tuvo que suspender el octavo de litro a falta de seis giros para el final, desplazar la carrera de 250 cc de su horario habitual para ser programada tres horas y media después –aunque finalmente se tuvo que suspender– y recurrir a camiones con compresores de aire caliente para intentar evacuar todo el agua acumulada en la pista e intentar secarla en la medida de lo posible para que la carrera de MotoGP se pudiera disputar en óptimas condiciones, después del toque de atención de la comisión de seguridad, integrada por los pilotos con Valentino Rossi al frente, que ya había advertido de que si llovía como el pasado viernes no iban a salir a la pista.
Después de todo, los pilotos pudieron escuchar el clásico Gentlemen, start his engines (Caballeros, arranquen sus motores), con el que todos los años dan comienzo las 500 Millas de Indinápolis. Arrancó Casey Stoner como una exhalación, sabedor de que es el único que puede retardar el octavo título mundial de Rossi, pero antes de concluir el primer viraje ya se había visto superado por Andrea Dovizioso y Nicky Hayden que, con ganas de agradar a sus seguidores –obviamente, mayoría en el trazado estadounidense–, logró poner tierra de por medio para cobrar algo de distancia sobre un grupo que miraba con cautela la mojada pista.
Con Kentucky’s Kid en cabeza, Il Dottore se afanaba en remontar después de una mala salida que le desplazó hasta la cuarta posición. Lo consiguió cuando, en el sexto giro, superó a su compatriota Dovizioso para ir a la caza del piloto de Honda. Justo a mitad de carrera, el heptacampéon del mundo logró superarlo gracias a sus apuradas de frenadas. La pizarra marcaba el decimotercer giro y todavía quedaba mucho por delante, aunque parecía incierto que Hayden lograra superar a Rossi.
Por detrás, Jorge Lorenzo había ido de menos a más para situarse en la tercera plaza, a escasos metros del estadounidense, con la clara intención de superarlo y asegurarse el segundo escalón del podio. No fue posible porque la lluvia arreció y el viento convirtió la pista en una marea de agua y hojas. La dirección de carrera mostró la bandera roja y, después del desconcierto inicial, se dio la prueba por concluida.
La cuarta victoria consecutiva de Rossi le deja a un paso de la corona mundial. Sólo debe sumar 13 puntos más que Stoner, cuarto, para proclamarse campeón del mundo en Motegi (Japón), mientras Dani Pedrosa, desde la octava plaza, trata de adaptarse a su nuevo suministrador de neumáticos. Un mal día para estrenos.
Elena Isardo / Elmundo.es
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